Sitio dedicado a desarrollar contenido sobre la Terapia de Constelaciones Familiares.

…Después llamó a sus fieles sirvientes para que molieran el maíz e inmediatamente aparecieron tres pares de manos en el aire y empezaron a raspar y triturar el maíz. La paja voló por la casa como una nieve dorada. Al final, se terminó la tarea y Baba Yagá se sentó a comer. Se pasó varias horas comiendo y por la mañana le volvió a ordenar a Vasalisa que limpiara la casa, barriera el patio y lavara la ropa.

Después le mostró un gran montón de tierra que había en el patio.

-En un montón de tierra hay muchas semillas de adormidera, millones de semillas de adormidera. Quiero que por la mañana haya un montón de semillas de adormidera y un montón de tierra separados. ¿Me has entendido?.

Vasalisa estuvo casi a punto de desmayarse.

  • ¿Cómo voy a poder hacerlo?

Introdujo la mano en el bolsillo y la muñeca le contestó en un susurro:

  • No te preocupes, yo me encargaré de eso.

Aquella noche Baba Yagá empezó a roncar y se quedó dormida y entonces Vasalisa intentó separar las semillas de adormidera de la tierra. Al cabo de un rato la muñeca le dijo:

  • Vete a dormir. Todo irá bien.

Una vez más la muñeca desempeñó todas las tareas y, cuando la vieja regresó a casa, todo estaba hecho, Baba Yagá en tono sarcástico con su voz nasal:

  • ¡Vaya! Qué suerte has tenido de poder hacer todas estas cosas.

Llamó a sus fieles sirvientes y les ordenó que extrajeran aceite de las semillas de adormidera e inmediatamente aparecieron tres pares de manos y lo hicieron.

Mientras la Yagá se manchaba los labios con la grasa del estofado, Vasalisa permaneció de pie en silencio.

  • ¿Qué miras?- le espetó Baba Yagá
  • ¿Te puedo hacer unas preguntas, abuela? – dijo Vasalisa
  • Pregunta – replicó la Yagá, pero recuerda que un exceso de conocimientos puede hacer envejecer prematuramente a una persona.

Vasalisa le preguntó quién era el hombre blanco del caballo blanco.

  • Ah- contestó la Yagá con afecto- el primero es mi Día.
  • ¿Y el hombre del caballo rojo?
  • Ah, ese es mi Sol naciente.
  • ¿Y el hombre negro del caballo negro?
  • Ah, sí, el tercero es mi Noche.
  • Comprendo- dijo Vasalisa.
  • Vamos, niña, ¿no quieres hacerme más preguntas?- dijo la Yagá en tono zalamero.

Vasalisa estaba a punto de preguntarle qué eras los pares de manos que aparecían y desaparecían, pero la muñeca empezó a saltar arriba y abajo en su bolsillo y entonces dijo en su lugar:

  • No, abuela. Tal como tú misma has dicho, el saber demasiado puede envejecer prematuramente a una persona.
  • Ah – dijo la Yagá, ladeando la cabeza como un pájaro – tienes una sabiduría impropia de tus años, hija mía ¿Y cómo es posible que sea así?
  • Gracias a la bendición de mi madre – contestó Vasalisa sonriendo.
  • ¡¿La bendición?! – chilló Baba Yagá – ¡¿La bendición has dicho?!. En esta casa no necesitamos bendiciones. Será mejor que te vayas, hija mía – dijo empujando a Vasalisa hacia la puerta y sacándola a la oscuridad de la noche – Mir, hija mía ¡Toma! – Baba Yagá tomó una de las calaveras de ardientes ojos que formaban la valla de su choza y la colocó en lo alto del palo. Eso es el fuego. No digas ni una sola palabra más. Vete de aquí.

 

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La Magia de la Tierra : La Hechiceria Planetaria : Profecia Arco Iris

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